FLECHADA…

«Una flecha sólo puede ser lanzada llevándola hacia atrás. Cuando sientas que la vida te lleva hacia atrás con dificultades, significa que te va a lanzar a momentos increíbles. Sólo enfócate y apunta bien.»

Anónimo

El 2020 no sólo vino con un día adicional por ser bisiesto… Esas 24 horas de más que nos regalaba, se potenciaron en experiencias únicas que nos llevaron de la mano para mostrarnos un costado vivencial de la incertidumbre…

Y desde ese rincón del desconocimiento fuimos forzados a procesar de golpe toda la novedad que imponía lo imposible… Hemos estado en guerra con un bichito, nos atrincheramos por órdenes superiores y el resultado aún inconcluso nos reporta grandes ausencias y dolores fraguados en la distancia…

En este año que termina nos volcamos completamente a la virtualidad para reproducir una vida nueva que intentaba zafar de los complejos estragos de la caprichosa molécula… Clases, seminarios, reuniones, reencuentros, evaluaciones, hasta celebraciones y la infaltable conexión a las redes sociales volvieron a dar forma, ipso facto, a lo cotidiano… Y en ese espacio… En ese tiempo, vi cómo se desarrolló la incomunicación entre tantos de nosotros por efecto defensivo de opiniones radicales, cegadoras y hasta negadoras…

El supremo escenario de lo moral se desvaneció porque se desechó la razón y el discernimiento… En el 2020 se gritó más y más fuerte… Se intentó imponer una perspectiva desde el alarido de mayor estruendo, acompañado de una lluvia de halagos incluídos aplausos focales (de las focas)…

Yo también grité… Lo hice desde el silencio al que me empujaron todas esas expresiones enardecidas, hambrientas de poder y reconocimiento… La trampa, la fatuidad y la mentira me aturdieron al punto de encontrarme incapaz de seguirle el paso… La sin razón y ausencia de humanidad de este tiempo convulso, chocó contra quien soy y contra lo que siento en mi pecho… Hice entonces un alto para colocarme de lado de toda la vorágine interactiva virtual y me brindé largos viajes a mi interior… Sí… Viajé a mí, mientras cuidé el jardín en cada estación de año… Viajé mucho en otoño y en invierno, entre lecturas y amaneceres contemplados desde el gran ventanal… Sentí la luz y su sombra… Las luces y sus sombras estuvieron allí para mí…

Sin embargo, nunca dejé de identificar la poderosa acción de empuje cada vez más hacia atrás de la flecha en el 2020… Ese arrastre al que estuve sometida me mostró otras realidades… Afloraron eventos incomprensibles y llenos de dolor en la esfera más amada… Venezuela como siempre y desde siempre… La imposibilidad de lo verdadero, el miedo con un nuevo nombre, mi madre en el centro de mi corazón agitado por la impotencia y desbordado de todo el amor que calla… Mis tiempos breves y más extensos fueron para escucharla, para sentirla próxima a mi piel… Llamarla y que me atiendiera estaba entre mis momentos favoritos para inventarme una nueva utopía, para decirle cuánto la amo y mimarme con sus inflexiones de voz, muchas de ellas sin sentido y reveladoras de la verdad que ha estremecido mi ser… Sí… Como otras verdades anidadas y acariciadas desde la inocencia, la sensibilidad y los sueños… En este tiempo convexo he reconocido una vez más y aceptado el tejido de mi alma y del que esta hecho mi corazón…

En España, la otra mitad de mi vida atravesó el año resistiendo sin mis abrazos ni mis besos… Su angustia y sus temores han sido los míos… Sólo las palabras más dulces y amables… Las de mayor cariño… Las que reconfortan y transmiten amor… Todas esas y muchas más las pronuncié para intentar curar heridas y sanar, para reaprender y describir nuevos sueños con María Beatriz, Pilar y Noelia… Mi bella hermana y mis sobrinas… En esas coordenadas están esos amores míos con los colores más puros y brillantes…

Y es cierto que en medio de la nueva vida diseñada en el encierro propuesto por la anomia, también se activó en mí una mayor observación… Fue así que me permití procesar todos los estimulos para comprender en lugar de reaccionar… Así lo entendí…

Este ha sido un tiempo duro… Con una gran pendiente, lleno de esfuerzo y dificultades… También marcado de muchas lágrimas y una gran tristeza… 2020 fue un año arrebatador de sueños… Fueron 366 días de desequilibrio y grandes cambios… Hoy termina desde esa construcción del tiempo que impusimos para intentar controlar la fórmula mágica de la vida… Y yo no sé si cesará el arrastre, o cuánto más pueda sentir ese arrastre de la flecha que debilita y anestesia… Ese ir hacia atrás… Como una especie de retroceso… La enorme sensación de estar perdida sin practicamente nada a qué asirme… Son sentimientos profundos acompañados de toda la impotencia contenida, por la imposibilidad de expresarlo… La lluvia, los vientos, la fuerza del calor del sol y todas esas noches estrelladas del año escucharon alguna vez mis silencios… La presión de la flecha me acompaña aún hoy y no sé por cuanto tiempo más… Callo sin que por ello deje de sentir…

La verdad es rara vez bienvenida y esta es la más grande y dulce de todas… Estoy aquí en mí, como siempre, para transitar este nuevo tiempo arropada por una plegaria y tomada de la mano de los pequeños y poderosos destellos de esperanza que brotan en las sonrisas inocentes de quienes más amo…

Cuando finalmente se produzca el lanzamiento de la flecha, este nuevo año o quién sabe cuándo, voy a iluminar la proyección de la parábola con todas las luces de mis pensamientos utópicos, todas las películas que aún tengo para producir y todos los gritos, de todas esas palabras que esperan por mí y estoy dispuesta a pronunciar…

Elsy Concepción

Autor: elsyconcepcion

Licenciada en Comunicación Social con una especialidad en Información Internacional y Maestría en Relaciones Internacionales. Son temas de interés la política internacional, medio ambiente, seguridad global y hemisférica, y medios de comunicación en zonas de conflicto. Me define el corazón y todo lo que motive sus pulsaciones... Alma inquieta y cerebro ávido de estímulos... Hambre de lo bueno, de lo grande y maravilloso como un brote en primavera y resistente en invierno... Bendecida en la maternidad, con sonrisas, miradas que me siguen y me educan... Sintiendo al tiempo integrar mis suspiros y obrando para la mujer del espejo que todos los días enfrenta, con la mayor de sus sonrisas este espacio dentro del universo...

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