EN CASA, LA ESCUELA…

Fue el domingo 15 de marzo cuando supe que empezábamos un aislamiento… La información oficializaba la suspensión de clases… Lo tomé con pinzas y esperé al día siguiente para ver cómo era la movida… Y así fue… La Dirección del colegio de los niños se comunicaba muy temprano por whatsapp para confirmar el decreto y la forma cómo operaríamos a partir de la fecha…

Ese lunes los niños durmieron una hora más y permanecieron durante la mañana empiyamados… Entonces me organicé para hacer del tiempo un espacio de compartir y disfrutar mientras recepcionábamos las tareas… Una novedad que aceptamos con tranquilidad mientras fuimos comprendiendo que se prolongaría en el tiempo…

Hemos vivido y dependido de la interconección como nunca antes… Se nos ha complicado por momentos que sea de calidad y sostenible en 1 hora, 2 horas y hasta tres horas continuas… En 52 días he lidiado con las materias y contenidos curriculares de nivel primario, en un ejercicio que me ha permitido observar a mis hijos en el delicado proceso de enseñanza/aprendizaje, como no lo hubiese revelado ninguna libreta de notas…

Ser mamá y maestra es otra cosa… No es la típica escena de orientar y/o revisar una tarea, un ejercicio, un proyecto… Tampoco actualizar una información y aplaudir sus logros… Ahora se trata de la didáctica… De transferir contenidos desde el principio, repetir y abrir su reflexión para que puedan identificar y entender un objetivo…

Actualmente las maestras sólo se conectan, asignan e intercambian tareas, saludan, preguntan, corrigen y felicitan… Son dulces y sonríen siempre a la vez que refuerzan el «los extraños chicos», «pronto estaremos juntos de nuevo»…

Es importante esta comunicación del grupo/maestra para sostener el vínculo, usando para ello el potencial que ofrece la interconexión entre dos instituciones vitales: la escuela y la familia…

En estos días de cuarentena mi hogar ha sido una sala situacional del hecho educativo donde practicamente la maestra/mamá ha desplazado a la mamá/maestra… Hoy todas las preguntas, las dudas y las resoluciones de problemas demandan mi atención y se adueñan del tiempo… Por momentos crece la tensión para intentar cumplir y hasta equilibrar las necesidades propias de niños de 9 y 11 años, que me muestran su alegría a pesar del inmenso cambio que supone ser educados en el hogar…

En estos 52 días los he cuidado y mimado cuanto he podido para ganar esos espacios, que hemos sustituidos para llevar adelante la tarea mayor que nos impone el confinamiento… Ahora transitamos el otoño y el frío de estas latitudes nos acerca en la mesa del comedor, donde por momentos es un set de pruebas de arte, proyecto de ciencias y base de un guión de teatro…

La verdad es que estamos aprendiendo todos… Y esta realidad me hace ser conciente de que al menos ésta y la próxima estación nos encontrará enseñando en cuarentena…

En este momento me parece mentira estar escribiendo en medio del cansacio abrazador de cada día en las últimas semanas… Todo a la vez y apuntalado con prolijidad y responsabilidad… Y me pregunto: cuándo sonará el timbre del recreo…

Elsy Concepción