EN EL KIBUTZ SHEFAYIM

ISRAEL – PARTE I

Si un espacio fue realmente revelador de lo que es Israel ese es el Kibutz Shefayim… Al ingresar lo percibí como una especie de gran hotel campestre por el diseño de su lobby, área de recepción, administración, demás espacios y elementos allí presentes… Pero al atravesar ese lugar me encontré con todas esas casas, pequeños edificios por su altura pero extensos, jardines por doquier y a través de los cuales uno podía moverse de un lugar a otro flanqueado de árboles y tantos colores… Toda una comunidad se abría a nuestro paso… Era muy fácil desubicarse y sentirse en otro lugar menos en Israel…

Luego del registro con pasaporte, visa, seguro de vida y hospitalización y control de maletas, me asignaron una de esas pequeñas casas para compartirla con Claudia Hernández, una periodista y presentadora de CNN en Español… Y si bien ya nos conocíamos fue en esa convivencia definida al azar que profundizamos el vinculo… Allí compartimos una habitación con lo básico y ello incluía un baño y placares… Cada una tendría una llave para acceder a ella…

Yo estaba encantada bajo ese cielo porque el lugar era cómodo, también muy sencillo, y al abrir la puerta te encontrabas con un inmenso jardín desde el que podías ver las otras casas todas habitadas por mujeres estudiantes y aquellos otros lugares que luego conocería en detalle… Me preguntaba una y otra vez cómo podían tener un jardín tan grande y hermoso en medio del desierto… Su sistema de riego por goteo funcionaba a la perfección y eso me hablaba de todo lo que podían hacer los israelíes con tan poco… Y la verdad es que eso era poco…

Uno de mis lugares preferidos en el Kibutz Shefayim. El hermoso tunel de arboles y flores que disfrutaba en su interior y donde me sentaba a leer.

Lo primero que conocimos dentro del Kibutz, y esto era obligatorio, fue la puerta de entrada al refugio… Un refugio…??? Exacto, cuya puerta de entrada se ubicada en medio del jardín que te llevaría a un gigantesco espacio en el subsuelo con todo lo necesario para vivir… Nos sorprendimos… Sí…!!! Y apenas alcanzamos a tomar un par de fotografías… Recordar su ubicación era fundamental…

Muy cerca de mi habitación estaba el sector de lavandería, un servicio que utilizaríamos durante nuestro tiempo allí… Y lo menciono porque me llamó la atención la forma empleada para recepcionarte la ropa… Lo primero que debías saber es que no se lavaban prendas íntimas… Por eso llevamos jabón de panela y el único permitido, para lavar nuestra ropa interior en la habitación… Para hacer entrega de la ropa sucia debíamos llenar un formulario donde se detallaban dibujos de pantalones, camisas, faldas, en fin, de indumentaría que identificabamos con colores, talla y tipo de tela… Ella volvía lavada, planchada y doblada en bolsas los lunes, ya que cada jueves y viernes se recepcionaban las solicitudes…

Y tengo que mencionar sí o sí El Comedor… Una parte importante en Israel…. Así lo expreso porque el comedor fue un espacio de comunión con nuestros compañeros latinos… Desayunos, almuerzos y cenas servidas con absoluta puntualidad… Era nuestro lugar para vincularnos,… Comer, conversar, compartir y aprender incluso sobre una gastronomía muy diferente a la de la mayoría de nuestros países latinoamericanos… Allí nos conocimos y forjamos amistades más allá del típico  compañerismo entre estudiantes… Aprendimos de nosotros y también a cuidarnos desde la identidad geográfica, idiomática y cultural que nos sumaba…

Latinoamérica estaba muy bien representada entre risas, acentos, chistes, anécdotas y choques de vasos de jugo o agua… Un argentino echaba de menos comer carne y chorizo… Los mejicanos se adelantaron solicitando a su consulado salsa Tabasco y Tequila… Jajajajajajajajajaja…!!! Eran los casos de atención que me llenaban de risa por su marcado nacionalismo… Yo aprendí de los sabores de la cultura culinaria israelí y valoré sus productos orgánicos… Me sorprendí de sus lácteos de origen no lácteo… Y por allí comenzaba a dimensionar su capacidad industrial… Los yogures eran simplemente riquísimos…

Toda la comunidad kibutzina era sumamente atractiva… El orden era tremendo tanto como la limpieza… Hasta los troncos y ramas de los árboles me llamaban la atención… Había una especie de equilibrio armónico en todos los espacios y eso incluía el estacionamiento… Allí me topé con otra sorpresa y ésta representaba una absoluta novedad que me hacía pensar una y otra vez en la imposibilidad de encontrarla en otro lugar en el mundo… Sin embargo esto era lo usual en la comunidad kibutzina israelí…

Los autos se encontraban ubicados uno al lado del otro como en cualquier estacionamiento de residencias… Todos los vehículos tenían sus puertas sin seguro y cada uno de ellos con sus respectivas llaves en el suiche de encendido… Un kibutzino hacía uso de un auto para trasladarse fuera del Kibutz y al regreso lo estaciona donde lo encontró… Deja la llave, y el auto permanece allí sin seguro en las puertas… Todos hacían lo mismo porque los autos no le pertenecen a nadie… Los autos son de todos… Son del Kibutz y quienes lo necesitan hacen uso de él sin reparar en la posesión material, sino en la accesibilidad que le permite trasladarse de un lugar a otro…

Israel se me comenzaba a revelar desde estas pequeñas e invariables realidades… Un lugar con hermosos e impecables jardines, un inédito sistema de convivencia y un concepto nuevo de compartir… Vivir en un Kibutz no me hizo kibbutzina pero si me mostró mucho del origen y corazón de Israel…

Elsy Concepción