OTOÑO…

En este espacio de la vida transcurre el Otoño… Siempre es así acá… En cualquier trimestre del calendario siempre es al revés que al norte, aunque la Cruz del Sur puje por brillar más que cualquier otra constelación en este inconmesurable cielo, prolijo de estrellas y sueños…
Y hoy se engalana con una alfombra de nubes que cubre en toda su extensión a la majestuosa coordillera andina… Y lo hace muy bien desde el momento en que sólo nuestra fe en él puede abarcar semejante creación… Allí deberá ocultarse el sol en algún momento y desde la ruta 60 lo sabremos cuando el frío marque su mayor inflexión en horas de la tarde…
Ahora nos envuelve y podemos matizarlo con botas, poncho y gorro… La visual es un fantástico horizonte lleno de viñas donde el colorido otoño ofrece sus mejores brillos en tonos de hojas amarillas, naranjas y ocre, sin uvas y sin nada de sol…
Camino entre ellas buscando algún racimo de la vid ignorado y olvidado durante los últimos cultivos de tres semanas atrás… Me abrazo para juguetear un poco en medio de la espectacularidad que me rodea porque ésta vida frente a mí me hace sonreir y pensar en el cambio… No de la estación que vengo explorando hace 12 años, sino de lo que ayer me tenía encantada y lo que ahora hace lo mismo en mí…
Entonces dejo que la caminata me embarque a los recuerdos de la vida en mis otros 12 años…
De esas lunas acumuladas caminando y corriendo en el parque detrás de mi casa en la verde Sebucán… Al pie del Avila junto a toda la exuberancia que para mí fueron esos árboles que trepé… En los que me escondí y desde donde descubrí el amor por el aire mientras me columpiaba ojos cerrados bajo sus ramas, contaba hormigas y degustaba sus manjares…
Eran mis doce rodeada de absoluto verdor y desconocimiento que en otros lugares alguien podía ser y estar tan feliz como yo, pero rodeado de distintos colores…
Y es ahí dónde puedo ver y sentir cuánto he crecido… Ayer ese verdor ocupó mi tiempo y mis sueños, armando a una niña, una joven y una mujer amante del sol por alimentar a su manera, todo un jardín que año tras año significó la constancia, lo coherente de la vida y la seguridad en sus hermosas expresiones siempre verdes… Siempre vivas…
Hoy aprendo del cambio que desnuda todo a mi alrededor con hojas tricolores caídas y por caer… Ya no hay frutos pero allí están sembrados los vientres que en nueve meses vuelven a entregar inmensas alegrías a su cuidador…
Las diferencias entre todos mis doces son evidentes, palpables y me atraviesan limpiamente para sumar más de una cuenta, más de una sonrisa, más de un sueño…
Hoy me brindo por ello, dando lugar a que uno de mis pulmones trabaje sobre la oxigenación de esta sensibilidad frente a tantos estímulos que me atrapan… Caminan y bailan conmigo… Y solo puedo advertir que en este preciso momento estoy llena de amor…

Elsy Concepción